viernes, 31 de mayo de 2024

La Dignidad en la Práctica


Todos conocemos la voz de la dignidad, esa que nos dice: todos valemos, todos merecemos respeto. La dignidad se desvanece cuando nos dejamos usar, cuando permitimos que otros nos menosprecien, o cuando hay crueldad.


Sin embargo, la dignidad también se pierde en la inacción. No solo en la no defensa ante un abuso, sino en la complacencia del bienestar, cuando nos dormimos en la comodidad del día a día. También cuando nos perdemos en lo superficial, atrapados por el consumismo voraz.


Preguntémonos al final del día: ¿he actuado con dignidad? ¿He sido digna ante los ojos de Dios? Tenemos la responsabilidad de transformar nuestra sociedad. Este compromiso nos hace dignos hijos del Creador.


¿Por qué? Porque transformar la sociedad para mejor, nos conecta con lo eterno, con el propósito divino del bien común. Si tienes una idea, un proyecto de cambio, no dudes, no temas perder dinero o posesiones, confía en el plan divino, aunque no lo veamos con claridad desde nuestra pequeñez.


La energía que Dios nos ha otorgado es para eso, para transformar la realidad con confianza y determinación. Nuestra fuerza fluye de una fuente divina constante. Cuando olvidamos esto, la dignidad se desvanece.


Recordemos siempre, la dignidad está en nuestras acciones, en nuestro compromiso de actuar por el bien común. Trabajemos con valor y confianza. Todos somos parte importante del plan de Dios.


(Reflexiones sobre la reflexión del Día 28 del Omer: Maljut de Nétzaj, en la Escuela de Psicología y Cábala, Mayo 2024)

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