martes, 21 de mayo de 2024

¿Estudiar o meditar? El complemento que no sabías



En el  camino espiritual, el estudio se convierte en una meditación profunda, trascendiendo la simple respiración consciente y la quietud. Es como regresar al manantial del río, donde las aguas fluyen claras y puras. Aquí, el buscador se sumerge en el texto sagrado en busca de la divinidad, cada palabra revela secretos, cada línea suscita nuevas preguntas.


La mente, como un espejo claro, refleja las verdades divinas cuando está pulida por el estudio. Este no es solo un ejercicio intelectual, sino un acto de devoción. Sumergirse en los textos sagrados es una forma de adoración, una comunión con lo divino.


El discernimiento, como el viento que aparta la niebla, es fortalecido por el estudio. Filtra y organiza los pensamientos, permitiendo que la intuición florezca. Así, el estudio es el jardín donde florecen las semillas de la iluminación.


La espiritualidad y la mente racional son dos alas del mismo pájaro. Juntas, nos llevan a través del cielo de la comprensión. La práctica es la esencia, pero el estudio es el mapa que guía nuestros pasos en este vasto territorio espiritual.


Integrar lo místico en lo cotidiano es como tejer un tapiz de experiencias y entendimiento. Sin embargo, la mente racional es el hilo que une estos hilos, creando un patrón coherente en nuestra vida.


La experiencia mística, como el agua, debe ser absorbida por la tierra de nuestra existencia diaria. Sin esta integración, corremos el riesgo de perder el equilibrio y naufragar en un mar de ilusiones. Es la mente racional la que nos mantiene firmes en este viaje, anclándonos a la realidad mientras exploramos los reinos del espíritu.


Que la luz del conocimiento ilumine tu sendero, que la sabiduría de los antiguos te guíe en cada paso. Que el estudio sea tu fiel compañero en este eterno viaje de ida y vuelta hacia lo divino, y que, en medio de la turbulencia, te mantengas tenaz en tu propósito. Que así sea.


 «Mientras estudias, no hay necesidad de buscar la unión con Dios, porque el estudio es una de las formas más sublimes de unirse con Él». 

(Jaim de Volozhin, sXVIII)


“Para que el río fluya, necesita un cauce”.

(Mario Saban, sXXI)




Aunque la cita proviene de la tradición judía, el concepto subyacente de que el estudio profundo y comprometido puede ser una vía hacia la unión con lo divino es ampliamente aplicable a otras tradiciones espirituales.


La meditación, tradicionalmente, se asocia con prácticas como la respiración consciente, la atención plena y la contemplación en silencio. Sin embargo, el estudio de las fuentes originales del camino espiritual en el que uno se encuentre también puede convertirse en una forma de meditación.


La búsqueda intelectual y el crecimiento espiritual no son mutuamente excluyentes. Al contrario, pueden estar intrínsecamente conectados. El acto de indagar en los textos místicos o  espirituales no es simplemente una actividad intelectual, sino una experiencia espiritual profunda, una búsqueda de conocimiento y entendimiento divino.


Asimismo, el estudio es fundamental para fortalecer la mente racional, ya que proporciona las herramientas y el contexto necesarios para comprender y procesar de manera efectiva los contenidos psíquicos de la intuición. La mente racional actúa como un filtro y un organizador para la información que recibimos, y el estudio nos permite desarrollar esta capacidad de discernimiento y análisis.


La mente racional actúa como un organizador para dar forma a las ideas abstractas y desordenadas que surgen de la intuición. A través del estudio, se establece un proceso de clarificación y comprensión, lo que permite avanzar hacia una mayor iluminación o entendimiento.


La espiritualidad ciertamente requiere un considerable esfuerzo en el estudio, complementando la práctica meditativa con una sólida comprensión teórica. Esto puede parecer, a primera vista, que lleva a una espiritualidad predominantemente mental, pero en realidad, el estudio y la meditación se alimentan mutuamente. 


Sin un fundamento teórico sólido, las experiencias espirituales pueden ser malinterpretadas o usadas de manera incorrecta. El estudio ofrece un marco que ayuda a integrar estas experiencias de una manera coherente y significativa, permitiendo que la persona no solo las comprenda, sino que también las aplique y comparta de forma efectiva.


La noción de "fluir" está presente en muchas tradiciones espirituales. Fluir implica estar en armonía con el momento presente, permitiendo que las energías y experiencias pasen a través de uno sin resistencia. Sin embargo, para fluir de manera efectiva y segura, es esencial establecer límites adecuados. Estos límites actúan como guías que dirigen y moderan la recepción de la luz espiritual, asegurando que esta no sea tan abrumadora que lleve a la confusión o pérdida de propósito.


Hay personas que, al fluir sin discernimiento, pueden perderse en la vastedad de la experiencia espiritual, olvidando la importancia de aterrizar y revelar las verdades obtenidas. La verdadera esencia de la espiritualidad no es solo experimentar la luz, sino también canalizarla y compartirla de manera que beneficie al mundo.


En resumen, la integración del estudio y la práctica meditativa es crucial para una espiritualidad completa. El estudio proporciona las herramientas necesarias para interpretar las experiencias y mantener un equilibrio entre fluir y mantener una estructura que permita una recepción óptima de la luz, asegurando que las verdades espirituales sean reveladas y compartidas de manera efectiva y beneficiosa.


(Reflexiones inspiradas por la Escuela de Psicología y Cábala, a cargo del maestro Mario Sabán sobre Biná y Jojmá del Árbol de la Vida. Reflexiones sobre reflexiones)


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