Tres niveles del tiempo en la vida humana
A veces podemos vivir atrapados en la superficie de los días, como si el tiempo fuera una marea que apenas nos deja reaccionar. Es esa densidad de lo cotidiano la que reclama primero nuestra atención: ordenar el espacio, resolver el trámite que vence hoy, reparar algo en casa que interrumpe el ritmo. Ese nivel es necesario. Es la vida manifestándose en su dimensión material y, si no lo atendemos, todo se desordena con rapidez. Lo que ocurre es que esa urgencia tiene una voz muy fuerte y, casi sin darnos cuenta, termina consumiendo la energía con la que comenzamos la mañana. Un poco más allá aparece lo que organizamos para mañana o para el mes que viene. La clase que debemos preparar, un curso que esperamos iniciar, un compromiso que ya tiene su lugar en el calendario. Es un territorio de construcción donde la atención ya no está dominada por el reloj del día, sino por la continuidad de lo que estamos gestando junto a otros. Sin embargo, a muchos nos sucede que llegamos a este nivel con...