Donde empieza el cuidado
Establecer un límite no es un gesto de confrontación. A veces es solo una forma silenciosa de cuidar la armonía. Sin embargo, no siempre lo vivimos así. Existe la idea de que, para convivir, es mejor no marcar demasiado el territorio, como si la flexibilidad absoluta garantizara la paz. Con el tiempo, suele ocurrir lo contrario. Cuando ciertos espacios de nuestro tiempo, nuestra intimidad o nuestro bienestar quedan indefinidos, algo se va asentando sin palabras. Lo que en un inicio fue apertura puede transformarse, casi sin notarlo, en una expectativa. Entonces, cuando aparece un límite, no siempre se recibe como una organización necesaria, sino como una pérdida. Como si algo que parecía propio se retirara de pronto. Tal vez por eso muchos conflictos no comienzan afuera, sino en un punto más interno, difícil de nombrar. Hay límites que no se dijeron a tiempo, necesidades que no se escucharon del todo. Y cuando eso ocurre, la vida suele intervenir marcando fronteras por nosotros, a vece...