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Mostrando entradas de abril, 2026

Donde empieza el cuidado

Establecer un límite no es un gesto de confrontación. A veces es solo una forma silenciosa de cuidar la armonía. Sin embargo, no siempre lo vivimos así. Existe la idea de que, para convivir, es mejor no marcar demasiado el territorio, como si la flexibilidad absoluta garantizara la paz. Con el tiempo, suele ocurrir lo contrario. Cuando ciertos espacios de nuestro tiempo, nuestra intimidad o nuestro bienestar quedan indefinidos, algo se va asentando sin palabras. Lo que en un inicio fue apertura puede transformarse, casi sin notarlo, en una expectativa. Entonces, cuando aparece un límite, no siempre se recibe como una organización necesaria, sino como una pérdida. Como si algo que parecía propio se retirara de pronto. Tal vez por eso muchos conflictos no comienzan afuera, sino en un punto más interno, difícil de nombrar. Hay límites que no se dijeron a tiempo, necesidades que no se escucharon del todo. Y cuando eso ocurre, la vida suele intervenir marcando fronteras por nosotros, a vece...

Asombro

A veces creemos que la sabiduría llega cuando entendemos algo con la mente. Pero no siempre es así. La primera entrada de la luz no es un pensamiento elaborado, sino una comprensión súbita. Y lo primero que suele despertar en nosotros es asombro. Hay un momento, muy breve, en el que algo te sorprende y te abre por dentro, aunque no puedas explicarlo del todo. Ese instante, llamado Jojmá en la cábala, es una chispa inicial de sabiduría que entra en nuestra vasija como un relámpago suave. Ese primer instante de asombro es también humildad. Una sorpresa tan auténtica que nos ablanda y nos vuelve más receptivos, porque reconocemos que estamos frente a algo que todavía nos supera. La luz que entra por Jojmá no debe endurecerse por la mente, aunque sí pasar por ella para poder ser organizada y revelada en palabras, símbolos o arte. El asombro no es la transformación. Es la señal de que la transformación ha comenzado. Es el primer indicio de que la luz ya ha entrado y ha empezado a ensanchar ...

Elegir en medio del desencanto

¿Entrar en política es un acto de ingenuidad o la señal de una corrupción ya instalada? La pregunta aparece cada vez con más fuerza en un clima marcado por el desencanto. Para muchos, la política se ha vuelto un territorio sospechoso: un lugar del que es mejor mantenerse al margen, bajo la sensación —cada vez más extendida— de que todo es “más de lo mismo”. Pero quizá ese juicio se queda en la superficie, sin tocar lo que realmente implica. Porque, aunque no siempre queramos verlo, alguien tiene que hacerse cargo de lo más denso de la realidad. Y desde este lado —el de quien observa, elige o se retira— vale la pena preguntarse si mantenerse al margen es realmente una forma de cuidado, o también una forma de dejar hacer. Elegir no involucrarse puede preservar una cierta idea de limpieza. Pero la realidad no se detiene por eso. Lo que no se cuida, se desordena. Y ese desorden no queda en otro lugar: termina alcanzándonos. Cuando muchas personas se alejan por rechazo o cansancio, el espac...