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Mostrando entradas de agosto, 2026

Tres niveles del tiempo en la vida humana

A veces podemos vivir atrapados en la superficie de los días, como si el tiempo fuera una marea que apenas nos deja reaccionar. Es esa densidad de lo cotidiano la que reclama primero nuestra atención: ordenar el espacio, resolver el trámite que vence hoy, reparar algo en casa que interrumpe el ritmo. Ese nivel es necesario. Es la vida manifestándose en su dimensión material y, si no lo atendemos, todo se desordena con rapidez. Lo que ocurre es que esa urgencia tiene una voz muy fuerte y, casi sin darnos cuenta, termina consumiendo la energía con la que comenzamos la mañana. Un poco más allá aparece lo que organizamos para mañana o para el mes que viene. La clase que debemos preparar, un curso que esperamos iniciar, un compromiso que ya tiene su lugar en el calendario. Es un territorio de construcción donde la atención ya no está dominada por el reloj del día, sino por la continuidad de lo que estamos gestando junto a otros. Sin embargo, a muchos nos sucede que llegamos a este nivel con...

La fortuna de lo difícil

Texto inspirado en una reflexión de Mario Sabán. Hay aprendizajes que solo despiertan cuando la vida nos pide más presencia. Las dificultades no aparecen para castigar, sino para revelar capacidades que aún no conocemos en nosotros. Cada desafío contiene una energía latente que espera ser activada. El alma no llega a esta existencia vacía de sentido. Llega con una dirección, aunque a veces tarde en recordarla. Cuando olvidamos esa dirección, aparece la angustia. Cuando la recordamos, aparece la fuerza. El esfuerzo personal no es una carga, es un proceso de extracción. En cada experiencia exigente se despiertan recursos que estaban dormidos. Somos más energía de la que creemos. Sin embargo, al vivir en el plano material, podemos confundir los medios con el propósito. La espiritualidad no añade algo nuevo; nos ayuda a reconocer lo que ya está presente. Existe una antigua frase de la tradición cabalística que dice: “Que seas digno del desafío que te ha tocado”. El alma asciende hasta el n...

No es el tiempo el que pasa

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A menudo solemos tratar al tiempo como si fuera un río caprichoso que a veces fluye con fuerza y otras veces se nos escapa entre los dedos, justificando nuestra inacción bajo la premisa de que él es el culpable de nuestras faltas. Decimos "mañana lo haré" o "no es mi momento" con una ligereza que asusta, como si el calendario fuera una entidad maleable que se ajusta a nuestros deseos. Sin embargo, la realidad es mucho más silenciosa y austera: el tiempo no corre, no vuela ni se agota; el tiempo simplemente es. Es una constante imperturbable, un escenario estático frente al cual nosotros somos los únicos que nos desplazamos a una velocidad vertiginosa. Resulta curioso cómo nos hemos convencido de que somos dueños de una cronología infinita, cuando en realidad somos apenas inquilinos temporales de un presente que no conoce la espera. La frase "no tengo tiempo" es, quizás, una de las mayores ficciones que nos contamos para evitar enfrentar la responsabilidad ...