La fortuna de lo difícil

Texto inspirado en una reflexión de Mario Sabán.


Hay aprendizajes que solo despiertan cuando la vida nos pide más presencia.


Las dificultades no aparecen para castigar, sino para revelar capacidades que aún no conocemos en nosotros. Cada desafío contiene una energía latente que espera ser activada.


El alma no llega a esta existencia vacía de sentido. Llega con una dirección, aunque a veces tarde en recordarla. Cuando olvidamos esa dirección, aparece la angustia. Cuando la recordamos, aparece la fuerza.


El esfuerzo personal no es una carga, es un proceso de extracción. En cada experiencia exigente se despiertan recursos que estaban dormidos.


Somos más energía de la que creemos. Sin embargo, al vivir en el plano material, podemos confundir los medios con el propósito. La espiritualidad no añade algo nuevo; nos ayuda a reconocer lo que ya está presente.


Existe una antigua frase de la tradición cabalística que dice:
“Que seas digno del desafío que te ha tocado”.


El alma asciende hasta el nivel que puede sostener. Cuando las sombras interiores han sido comprendidas, la conciencia se vuelve más amplia y estable.


La vida no siempre es sencilla. Pero cada experiencia puede convertirse en un paso de conciencia.


Que podamos reconocer en nuestras propias dificultades la oportunidad de desplegar la energía que aún no conocemos.
Que sepamos sostener los procesos sin apresurarlos ni resistirlos.
Que confiemos en el ritmo profundo de nuestra alma, incluso cuando no comprendemos del todo lo que estamos viviendo.


Que caminemos con dignidad el desafío que nos corresponde.
Que la fuerza interior se revele con serenidad.
Que cada experiencia contribuya, en silencio, a la maduración de nuestra conciencia.


Que podamos recordar que somos más vastos que nuestras circunstancias.
Y que, paso a paso, aprendamos a habitar nuestra vida con mayor claridad y presencia.


R-ii-7

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