Desde el primer aliento, nos encontramos inmersos en un mundo que ya tiene respuestas para nosotros. La cultura, la tradición y la religión nos ofrecen estructuras, nos enseñan qué es correcto y qué no, nos muestran un camino trazado por generaciones antes de nosotros. Pero llega un momento en el que el alma pregunta: ¿Este camino es realmente mío?
En el transcurso del tiempo, ha habido individuos que han sentido una profunda resonancia con la pregunta que late en su interior. Con valentía y determinación, han optado por explorar y comprender su propia verdad, separando lo que es genuino y duradero de lo que es superficial y efímero.
Gandhi nació en un sistema que dividía a las personas desde su nacimiento, el sistema de castas. Él no solo habló del tema, sino que desafió las normas con su ejemplo. especialmente la discriminación contra los "intocables", que eran la casta más baja y sufrían exclusión social extrema en la India.
Jesús fue educado en una tradición con creencias y normas muy establecidas, pero se dio cuenta de que por sí solas no tenían el mismo valor si no llevaban a una transformación genuina del corazón y la conducta. Se atrevió a decirlo y a vivirlo, instando a los líderes religiosos de su tiempo, a tener coherencia ya que actuaban de manera contraria a lo que predicaban. Para él, no bastaba con cumplir con las leyes externas si el corazón y la intención no estaban alineados. ¿Qué les dijo a los líderes religiosos?: que “limpiaban lo de afuera del vaso, pero por dentro estaban llenos de avaricia e impureza. (Mateo 23:25-26). Criticaba su enfoque de la religión como una serie de reglas externas, pero sin un cambio interior.
Y así como ellos, muchos otros…
La búsqueda de la verdad no implica necesariamente una revolución contra todo lo que hemos aprendido. En realidad, se trata de un proceso de introspección y discernimiento, mediante el cual podemos distinguir entre lo que es esencial y lo que es superfluo.
Al escuchar nuestra propia voz interior, podemos reconocer los valores y principios que resuenan con nuestra esencia más profunda. Esto nos permite separar lo que es auténtico de lo que es artificial, y lo que es duradero de lo que es efímero.
En última instancia, lo que es real y verdadero es lo que nos eleva y nos transforma. Es lo que nos permite crecer y evolucionar como seres humanos, y es lo que nos conecta con nuestra propia naturaleza y con el mundo que nos rodea.
Cada día podemos elegir: ¿Seguimos en automático lo que nos enseñaron o buscamos con el corazón despierto? ¿Nos aferramos al miedo o caminamos hacia la claridad? Cada elección nos acerca o nos aleja de la luz.
Que nuestra búsqueda no sea un rechazo, sino una ascensión. Que cada pregunta nos lleve más cerca de lo eterno. Que cada paso nos haga más auténticos. Porque cuando la verdad se ilumina en el alma, ya no hay vuelta atrás.
Oración de Manifestación
Hoy abro mi mente y mi corazón a la verdad eterna.
Que la sabiduría guíe mi camino,
Que la justicia impulse mis actos,
Que la compasión llene mi ser.
Renuncio al miedo a cuestionar,
Renuncio a las sombras de la rigidez,
Renuncio a todo lo que me aleje de la luz.
Que en mi alma brille lo esencial,
Que mi espíritu se abra a la infinita comprensión.
Hoy elijo caminar con consciencia despierta.
Que así sea, que así es, que así será.
(Reflexionante I-40)

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