Hay momentos en la vida en los que las certezas se desvanecen, en los que la mente inquieta busca respuestas en medio de la niebla de lo desconocido. Desde siempre hemos escuchado palabras que parecen absolutas, enseñanzas que se han arraigado en lo más profundo de nuestro ser. Sin embargo, la esencia de nuestra existencia nos invita a cuestionar, no para desafiar lo divino, sino para acercarnos más a la verdad que late en lo profundo de nuestro ser.
La historia de Job nos muestra a un ser humano enfrentando el dolor y la incomprensión, pero su grandeza no está en desafiar a Dios, sino en permanecer auténtico ante la incertidumbre. Job no buscó rebelarse, sino entender lo que parecía incoherente en su realidad. Su espíritu no se conformó con explicaciones rígidas sobre la justicia divina; en cambio, se mantuvo fiel a su necesidad de sentido, sin perder la integridad de su fe.
La fe de Job no es una fe mágica o pasiva, sino una certeza que surge del corazón dispuesto a abrazar tanto la compasión como la duda. Esta fe no es estática ni ciega; es una valentía que se mantiene en pie en medio del dolor, dispuesta a dialogar con lo desconocido sin rendirse ante respuestas fáciles.
Cuando finalmente llega la respuesta divina, no hay reproche hacia Job por cuestionar, sino un reconocimiento de su honestidad interior. No fue castigado por su búsqueda sincera; al contrario, fue honrado por ser genuino en su proceso. Aquellos que lo juzgaron desde una postura rígida fueron reprendidos, pues su comprensión estaba limitada por la falta de apertura al misterio divino. Así, la verdadera fe no reside en la sumisión ciega, sino en la disposición a evolucionar espiritualmente a través de la búsqueda sincera.
Si en tu camino surgen dudas, no temas abrir el corazón a lo desconocido. La fe no es un refugio inmóvil; es un río que fluye en constante movimiento hacia lo profundo del alma. Cuestionar no significa desafiar lo divino, sino invocar la sabiduría oculta que ilumina los rincones oscuros de la mente y el espíritu.
Que el espíritu de búsqueda sea tu guía, y que cada paso hacia la verdad te conduzca a una conexión más profunda con lo divino. No temas a las preguntas sinceras; abrázalas como oportunidades de crecimiento y trascendencia.
(Reflexionante I-41)

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