Cuando caemos en la división, el mal prospera



Se filtra el mal: Cuando juzgamos rápidamente a los demás sin intentar comprender sus perspectivas. Entonces el mal prospera: entramos en una trampa sutil que alimenta la discordia.


Se filtra el mal: Cuando prestamos oído al chisme o criticamos a otros, sin reconocer que estas acciones ocultan nuestros propios defectos. Entonces el mal prospera: nos sumergimos en un ciclo de negatividad que nos envenena y envenena nuestras relaciones.


Se filtra el mal: Cuando excluimos a personas de actividades o conversaciones sin una razón, o incluso cuando nos autoexcluimos. Entonces el mal prospera: perpetuamos un distanciamiento que oscurece el entendimiento y la conexión humana.


Se filtra el mal: Cuando permitimos que reacciones emocionales dominen nuestra conducta en situaciones menores. Entonces el mal prospera: cedemos al ego que oscurece la compasión y la calma.


Se filtra el mal: Cuando atribuimos emociones inexistentes a mensajes escritos, tejiendo malentendidos que distorsionan tanto el mensaje como al mensajero. Entonces el mal prospera: sembramos la desconfianza, las rencillas, los conflictos.


Se filtra el mal: Cuando descuidamos el esfuerzo por comprender y ser empáticos con los sentimientos y experiencias de los demás. Entonces el mal prospera: desvalorizamos al otro y lo dejamos solo.


Se filtra el mal: Cuando guardamos resentimientos o tenemos conflictos no resueltos. Entonces el mal prospera: tarde o temprano aquello se proyectará en nuestras relaciones, contaminando, tal vez deteriorándolas.


Se filtra el mal: Cuando no encontramos ni buscamos el propósito de vida. Entonces el mal prospera: hay infelicidad, envidia, aburrimiento y todo tipo de negatividad.


Antes de atacar, el Satán divide; de lo contrario, no puede atacar.


Hay que mantener la fuerza de unión.


¿Y qué es esa fuerza de unión? Esa fuerza de unión es aquella que nos impulsa a buscar y revelar nuestro proyecto de vida.


Cuando tenemos un proyecto de vida, no solo somos felices, sino que no queda espacio ni tiempo para comportamientos destructivos o divisorios.


¿Y si el mal se ha instalado? ¿Y si el mal se ha hecho parte de la personalidad?


Cuando nos identificamos con aspectos negativos, el mal prospera, empezamos a actuar desde un lugar de oscuridad, perpetuamos patrones de negatividad y maldad en nuestra vida y en la de los demás.


La identidad debe ser libre, una persona debe de definir y redefinir quién es sin estar atada a aspectos negativos. Necesitamos estar en un proceso de auto-liberación constante, donde trabajemos para liberarnos de patrones de pensamiento y comportamiento negativos. Ser conscientes de nuestras propias tendencias y trabajar activamente para transformarlas.


Además, la identificación en general, cuando es intensa, no nos ayuda. Cuando nos sentimos férreamente identificados con algo, el mal prospera: nos creemos mejores, excluimos, nos fanatizamos.


Siempre estamos evolucionando, aprendiendo, adaptándonos, no nos quedemos atrapados en una visión fija de quiénes somos.


Cultivemos conscientemente valores y comportamientos positivos, y busquemos influencias y modelos que reflejen estos valores.


Rodeémonos de personas e influencias que nos apoyen en nuestro desarrollo personal, en nuestro desarrollo positivo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La Sabiduría Oculta del Sistema Inmunológico

La ilusión de ganar

Tomar el regalo de la confianza