Vivimos rodeados de promesas fáciles: “Si se piensa positivo, se atraerá lo que se desea”. “Si se repiten estas palabras, el universo lo dará”. Estas frases, que se repiten a menudo en las redes y discursos espirituales, parecen tener la respuesta, pero no siempre logran generar los cambios que se esperan. La razón puede estar en que, detrás de esas palabras, hay algo mucho más profundo que necesita ser transformado, algo que no se resuelve únicamente con afirmaciones superficiales.
El cambio real no llega simplemente con la repetición de frases. No es suficiente con visualizar un futuro prometedor si la percepción de la realidad sigue anclada en los mismos patrones de siempre. Las afirmaciones, por más positivas que sean, no penetran en lo más profundo del ser, donde residen miedos, creencias limitantes y viejas emociones no procesadas. El alma no se ve convencida por lo que la mente repite cuando no se genera un verdadero cambio en la forma de percibir el mundo.
El trabajo verdadero comienza cuando se decide romper con la comodidad del autoengaño. Es fácil creer que todo está bien cuando, en lo más profundo, se sabe que no es así. El victimismo, la queja constante y las excusas son mecanismos en los que la mente puede refugiarse. Sin embargo, la transformación real surge cuando se deja de esperar que todo cambie de manera mágica y se empieza a hacer algo al respecto. La transformación es, en realidad, un esfuerzo consciente.
Cambiar de percepción no ocurre en un instante. No es magia, ni un clic que ilumine todo. Es un proceso constante, donde se desmontan las estructuras de lo que limita. Implica tomar responsabilidad por los propios pensamientos, creencias y emociones. Implica mirar dentro, ver la verdad detrás de las máscaras, reconocer lo que aún se arrastra desde el pasado. Y, lo más difícil de todo, dejar atrás las excusas que se han convertido en una forma de mantenerse en el mismo lugar.
Este proceso de transformación no necesita hacerse en soledad. A veces, es necesario buscar apoyo, sea profesional, espiritual o comunitario. Como bien se sabe, nadie sana por completo sin el apoyo de otros. A veces, el camino hacia el cambio se recorre mejor acompañado, con herramientas y orientación que nos ayuden a abrir nuevas perspectivas y desbloquear lo que nos impide avanzar.
Cuando se empieza a hacer este trabajo interior, es como si se abriera una nueva visión del mundo. Los problemas o dificultades no desaparecen, pero la forma de enfrentarlos cambia. Ya no se perciben como obstáculos insuperables, sino como oportunidades para poner en práctica la nueva percepción de la vida, cultivada con paciencia y consciencia.
Al final, ser feliz no es un regalo ni una consecuencia del azar, sino el resultado de un trabajo continuo. Un trabajo interno de alineación, de sinceridad y de valentía para enfrentar las sombras, para hacer frente a lo que se teme, y sobre todo, para ser auténtico con lo que uno es. Y es en este proceso de transformación, día tras día, donde se encuentra una felicidad profunda, no como un destino, sino como una forma de caminar por la vida.
Hoy, con humildad, nos abrimos al proceso del cambio. Sabemos que no depende solo de nuestra voluntad, sino de la luz que, en silencio, nos guía desde dentro. Pedimos claridad para soltar lo que ya cumplió su ciclo, para mirar con nuevos ojos lo que aún nos duele, y para habitar la verdad que empieza a revelarse. Con cada paso, elegimos estar presentes, con paciencia y fe, sabiendo que cada desafío trae consigo una enseñanza. Que nuestro caminar sea guiado por la sabiduría que nos sostiene, y que nunca falte en nosotros la gratitud.
R-I-51

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