martes, 16 de abril de 2024

En el Eco del Bullicio: Reflexiones sobre la Meditación en la Vida Cotidiana





En el bullicio del mundo, es cuando la meditación alcanza su cumbre más alta, entre  los ruidos y alborotos de la vida cotidiana. 


No es un escape, sino una fusión con lo que nos rodea, instantes de consciencia en cada acto. 


Si para alcanzar el Infinito es imprescindible distanciarse, aún se recurre a la meditación como un refugio, sin penetrar en su esencia.


La esencia de la meditación es percibir en cada quien, en cada acto, en cada cosa, la presencia divina.


Al principio, es natural que sea un refugio, pero gradualmente debemos descenderla para impregnar cada momento cotidiano.

Llevamos el templo consigo, ese espacio interior que nos acompaña en cada momento, mientras insuflamos en lo cotidiano la conexión de consciencia. Este es el propósito sublime de la meditación: integrar la presencia divina en cada aspecto de nuestra vida diaria.


La verdadera prueba no está en la ausencia de gente, sino en cómo nos desempeñamos estando en el medio.


¿Podemos vivir en el presente sin perder la consciencia?


Si, inmersos en nuestro trabajo, nos viéramos sacados de nuestra concentración por una interrupción exterior ¿sería el enojo nuestra primera reacción?


Si el enojo brota ante una interrupción, aún no hemos asimilado su lección. 


En el fragor de nuestras ocupaciones, el corazón se agita con cada interrupción, elevando el quehacer sobre la presencia misma de los demás. 


En ese instante, un enojo interno, como una sombra oscura, se cierne sobre nosotros, revelando nuestra idolatría hacia lo que hacemos, una adoración que nos ciega ante la humanidad que nos rodea.


Mas en el instante de la meditación, una pausa entre el aliento y el latido ardiente, podemos vislumbrar la verdad: que las relaciones humanas son una prueba tangible de Dios. 


Y una sonrisa brota en nuestros labios, aprendemos a danzar con la vida mientras establecemos límites saludables, equilibrando nuestras responsabilidades con el amor y la atención hacia aquellos que nos rodean.


Hemos así, bajado la meditación a tierra, y abrazado por fin su poder transformador.


(Reflexiones inspiradas por Mario Sabán sobre los temas de meditación, ira e Idolatría.)


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