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Mostrando entradas de marzo, 2026

Recordar lo que sostiene

Las narrativas épicas suelen concentrar la atención en un solo protagonista: un héroe, una cumbre, una imagen final que presenta el logro como una hazaña individual. Sin embargo, al observar con más detenimiento, el éxito rara vez tiene esa forma. Se parece menos a una figura aislada y más a una estructura sostenida por múltiples apoyos: gestos, tiempos compartidos, palabras oportunas, silencios que acompañaron y oportunidades que no creamos, pero supimos aprovechar. La épica simplifica para poder narrar; la vida, en cambio, es necesariamente relacional. Por eso, después del éxito, es frecuente que las historias se reordenen. Reconocer que no se llegó solo implica admitir interdependencia, algo que tensiona la idea moderna del “yo me hice a mí mismo”. Existe además un sesgo común: cuando el esfuerzo ha sido grande, la memoria tiende a destacar el propio trabajo y a relegar las condiciones que lo hicieron posible. El apoyo se vuelve fondo, algo dado, y deja de nombrarse. Así se config...

Resistir o Hacer

A veces creemos que la única forma de cambiar algo es resistiéndolo. Pero ¿qué pasa cuando esa resistencia se vuelve parte del problema? ¿Y si el verdadero poder estuviera en elegir con conciencia a qué le damos nuestra energía? Resistirse a algo, en realidad, lo alimenta. Puede sonar extraño, pero la lucha directa contra lo que rechazamos suele fortalecerlo. Lo que combatimos con demasiada atención se fija en la conciencia. Cuanto más lo miramos, más presencia toma. Cuando estamos “en contra”, ponemos nuestra energía justo allí: en lo que no queremos. Y sin darnos cuenta, quedamos atrapados en la misma vibración que eso que rechazamos. A veces desde la rabia, otras desde el miedo, pero siempre desde una tensión que no nos deja avanzar. Y algo más sucede cuando adoptamos una postura rígida de rechazo: dejamos de mirar. Dejamos de actualizar nuestra percepción. Nos quedamos defendiendo una idea fija , no la realidad que cambia.  La resistencia absoluta no solo nos protege de lo que...

El llamado del silencio

Hace miles de años, los primeros seres humanos levantaban la vista al cielo con la misma mezcla de asombro y temor que nosotros. No sabían ponerle nombre al misterio, pero lo reconocían. Lo ofrecían todo a esa presencia: un fruto, una piedra, un canto. Sus pinturas en las cuevas eran oración. Sus danzas, una forma de agradecer. En ellos ya había una comprensión profunda:  la vida tenía sentido más allá de la supervivencia. Con el tiempo, la mente se volvió hábil. Aprendimos a dominar el fuego, a medir las estrellas, a construir herramientas que multiplicaron nuestra fuerza. La inteligencia técnica creció, pero el corazón comenzó a quedar atrás, sofocado entre máquinas, pantallas y rutinas que producen sin descanso. Hemos ganado comodidad, pero a veces parece que  perdimos la música interior . Sin embargo, ese llamado sigue ahí. No se ha ido. Vive en el fondo del alma, esperando un respiro para hacerse sentir. A veces llega como una calma repentina en medio del día; otras, como...